Desaparece.
Y te deja con mil preguntas, la miel en los labios, y una ligera idea de su aroma en ese instante.
Te convierte en una adicta al reloj, que deja de estar en tu muñeca, para quedar clavado en la palma de tu mano, porque lo necesitas, y el tiempo no pasa especialmente rápido en su ausencia.
Y vuelven de nuevo las preguntas, ¿Qué estará haciendo en este momento?, ¿Se acordará de mi?, ¿De ese simple cruce de miradas? y ahí comienza la incertidumbre.
La incertidumbre se enreda en mis tobillos,
hace tambalear mis rodillas
y pareciera esconderse en el fondo de mi estomago
hace tambalear mis rodillas
y pareciera esconderse en el fondo de mi estomago
Vaya tontería, ¿Eh?
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